El sector de tecnología en varias ocasiones ha despertado el interés de inversionistas.
Desde la burbuja especulativa de principio de la década pasada (la crisis de los dot com) hasta las redes sociales en últimas fechas, muchos quieren estar en este sector ampliamente laureado por otros.
En mi ámbito personal muchas veces me han contado buenas ideas pero sin más sustento que la idea misma.
Personas de mucha confianza, a los que he llegado a denominar “Emprendedores Digitales”, me llegan a comentar sus planes de desarrollo de una idea enfocada en nichos poco atendidos o quizá no plenamente identificados y a través de la cual generar un nuevo negocio para ellos o para las marcas a las cuales les brindan sus servicios tecnológicos.
El 99.9 por ciento de las veces no pasa de ahí, ideas.
En diversos medios y ambientes los emprendedores son aquellos que luchan porque una idea se convierta en realidad. Para los emprendedores digitales, ese proceso es aterrizar lo que se había pensado y revestirlo de un plan de negocios, una fase de desarrollo, etc.: Poner todo el negocio en blanco y negro.
Pero lamentablemente me he dado cuenta de que los emprendedores digitales que he visto en eventos como Aldea Digital o Campus Party tienen ideas y buscan dinero pero no diseñaron una forma en la cual librarían la barrera de ponerla en práctica, es decir, jamás pensaron en un esquema de negocios o quizá los tiempos para que lo que se dice se desarrolle lo que se dice y se pueda hacer.
Si, la mayoría de los emprendedores digitales en México quieren que les den pero no saben pedir.
Fondos hay por todos lados y algunos a fondo perdido que es apoyan aun sin importar si no hay retorno de dicha inversión.
La cuestión de pedir y dar es el compromiso que hay para saber que se hará con lo que se dará por aquel que pida. En muchas ocasiones estos fondos que apoyan startups e innovadores solicitan un porcentaje no invasivo del negocio en el momento de concretarse. Estos fondos quieren apoyar el negocio, no apropiarse de él.
Los emprendedores NO quieren, creen que ese inversionista les quitara su idea y prefieren no desarrollarla o tratar de encontrar alguien que les regale el dinero sin siquiera tener que rendirle cuentas.
Siento decirles que los negocios no son así. Aún cuando las instituciones que apoyan las ideas saben que existe el riesgo de que no se logre el negocio, éstas si requieren saber cómo se destinan esos fondos.
Aquellos que no tenga esto claro no los podemos considerar emprendedores, son ninis tecnológicos que ni trabajan ni estudian pero si estiran la mano esperando que alguien les de dinero.
